Ir al contenido

¿Te has parado a pensar cuánta comida se desperdicia en el comedor de tu centro?


Desde que empezó el curso, ¿alguna vez te has hecho esta pregunta?

No hablamos de grandes cifras abstractas. Hablamos de platos que se quedan sin tocar, bandejas que vuelven casi llenas a cocina y comida que, día tras día, acaba en la basura.


Pongamos un ejemplo sencillo.

Si en un comedor como podría ser el de una residencia de estudiantes, se desperdician 10 platos a la semana, puede parecer poca cosa. Pero si cada plato pesa unos 400 gramos, eso son 4 kilos de comida cada semana.

En un mes: 16 kilos.

En un curso completo: más de 150 kilos de comida.

Y si cada menú cuesta, por ejemplo, 3 €, estamos hablando de miles de euros al año tirados literalmente a la basura.


Lo curioso es que ese desperdicio no tiene nada que ver con la calidad de la comida ni con el trabajo del personal. Tampoco con la falta de compromiso de los comensales.


El verdadero problema suele ser otro mucho más silencioso: un sistema de gestión poco eficiente.

Cuando no se sabe con certeza cuántas personas van a comer cada día, las decisiones se toman con información incompleta. Y cuando eso ocurre de forma continuada, el desperdicio aparece poco a poco, casi sin que nadie lo perciba. No porque se hagan las cosas mal, sino porque falta una visión global que ayude a organizar mejor el día a día.

En la práctica, esto se traduce en situaciones muy comunes: avisos que llegan tarde o no llegan, información repartida entre distintos canales, cambios de última hora que no se reflejan a tiempo. Nada especialmente grave por separado, pero cuando se repite durante semanas, el impacto es evidente.


La buena noticia es que empezar el año sin desperdicio es más fácil de lo que parece. No hace falta cambiarlo todo ni añadir más trabajo al equipo. A veces basta con ordenar la información, facilitar la comunicación y dejar de trabajar con suposiciones. Saber con antelación quién va a comer, permitir que los comensales indiquen ausencias y ajustar cantidades poco a poco ya marca una diferencia enorme.

En este punto, la tecnología puede ser una gran aliada si se utiliza como apoyo y no como una complicación más. Herramientas como RESItool® permiten centralizar la información del comedor, conocer la asistencia real y mejorar la comunicación entre comensales, cocina y administración. No para controlar, sino para organizar mejor el día a día y tomar decisiones con más tranquilidad.


Reducir el desperdicio no es solo una cuestión de ahorro económico o sostenibilidad, aunque ambas cosas importan. También es una forma de respetar el trabajo de quienes cocinan cada día y de gestionar el centro con menos improvisación y más calma.


Si quieres reducir el desperdicio en tu comedor, contacta con nosotros:
Plato de comida
Plato de comida

¿Te has parado a pensar cuánta comida se desperdicia en el comedor de tu centro?

Desde que empezó el curso, ¿alguna vez te has hecho esta pregunta?

No hablamos de grandes cifras abstractas. Hablamos de platos que se quedan sin tocar, bandejas que vuelven casi llenas a cocina y comida que, día tras día, acaba en la basura.


Pongamos un ejemplo sencillo.

Si en un comedor como podría ser el de una residencia de estudiantes, se desperdician 10 platos a la semana, puede parecer poca cosa. Pero si cada plato pesa unos 400 gramos, eso son 4 kilos de comida cada semana.

En un mes: 16 kilos.

En un curso completo: más de 150 kilos de comida.

Y si cada menú cuesta, por ejemplo, 3 €, estamos hablando de miles de euros al año tirados literalmente a la basura.


Lo curioso es que ese desperdicio no tiene nada que ver con la calidad de la comida ni con el trabajo del personal. Tampoco con la falta de compromiso de los comensales.


El verdadero problema suele ser otro mucho más silencioso: un sistema de gestión poco eficiente.

Cuando no se sabe con certeza cuántas personas van a comer cada día, las decisiones se toman con información incompleta. Y cuando eso ocurre de forma continuada, el desperdicio aparece poco a poco, casi sin que nadie lo perciba. No porque se hagan las cosas mal, sino porque falta una visión global que ayude a organizar mejor el día a día.

En la práctica, esto se traduce en situaciones muy comunes: avisos que llegan tarde o no llegan, información repartida entre distintos canales, cambios de última hora que no se reflejan a tiempo. Nada especialmente grave por separado, pero cuando se repite durante semanas, el impacto es evidente.


La buena noticia es que empezar el año sin desperdicio es más fácil de lo que parece. No hace falta cambiarlo todo ni añadir más trabajo al equipo. A veces basta con ordenar la información, facilitar la comunicación y dejar de trabajar con suposiciones. Saber con antelación quién va a comer, permitir que los comensales indiquen ausencias y ajustar cantidades poco a poco ya marca una diferencia enorme.

En este punto, la tecnología puede ser una gran aliada si se utiliza como apoyo y no como una complicación más. Herramientas como RESItool® permiten centralizar la información del comedor, conocer la asistencia real y mejorar la comunicación entre comensales, cocina y administración. No para controlar, sino para organizar mejor el día a día y tomar decisiones con más tranquilidad.


Reducir el desperdicio no es solo una cuestión de ahorro económico o sostenibilidad, aunque ambas cosas importan. También es una forma de respetar el trabajo de quienes cocinan cada día y de gestionar el centro con menos improvisación y más calma.

Si quieres reducir el desperdicio en tu comedor, contacta con nosotros